Joan miro el carnaval del arlequin

El polifacético pintor también se dedicaba a esculpir y crear obras de arte u objetos de cerámica. Si se echa un vistazo al Carnaval de Arlequín, se verá que en el cuadro ocurren muchas cosas. Sin embargo, no es aconsejable dar sentido al cuadro o derivar un significado simbólico porque el propio Miró lo describe como una brillante imagen onírica.

Impregnado de una variedad de colores y un paisaje similar al de la Cataluña natal de Miró en España, el cuadro es básicamente un intento del pintor de plasmar sus alucinaciones causadas por el hambre, como se cita en una entrevista de Miró. El protagonista o personaje central del juego, Arlequín, es el foco principal. A Arlequín se le ve usando un disfraz o máscara para divertirse.

A su lado se ve a un hombre disfrazado de guitarra que, según muchos, tiene una expresión triste, lo que contrasta con el ambiente general de felicidad. En la esquina inferior derecha del cuadro hay dos criaturas parecidas a gatos que se divierten jugando con lo que parece ser un ovillo de lana. El ambiente del cuadro es tan alegre que incluso el curioso sol se asoma por la ventana para ver el carnaval.

Otro personaje destacado en el cuadro sería el de un atareado insecto que está sentado sobre un dado. Desde la escalera se ven dos personajes con forma humana que se balancean con la brisa, como si estuvieran en un imaginativo typeof __ez_fad_position != ‘undefined'{__ez_fad_position’div-gpt-ad-joanmiropaintings_org-medrectangle-4-0’}; El Carnaval de Arlequín fue pintado en el año 1924 o 1925. Se dice que durante este año, Miró celebró una exposición en París, en la Galería Pierre.

La exposición contó con la presencia de populares pintores surrealistas de la época, como Masson, Dalí y Redon, por nombrar algunos. Para sorpresa de Miró, la exposición fue un éxito rotundo y los visitantes mostraron un inmenso interés y aprecio por su obra. Así, Miró se convirtió en un éxito de la noche a la mañana y en uno de los artistas más llamativos de París tras la exposición.

El Carnaval de Arlequín fue creado poco después de la exposición. Todo el ambiente alegre, humorístico y puro del cuadro fue admirado y apreciado por todos, ¡hasta el día de hoy! El Carnaval de Arlequín, pintado entre 1924 y 1925, es quizá la obra de arte más reconocible de Miró, una estridente celebración de la vida, con todo tipo de formas flotando y rebotando.

El carnaval al que asistimos se supone que es el Mardi Gras «Martes Gordo», en francés, la celebración cristiana previa a la Cuaresma, cuando la gente come alimentos ricos y grasos, antes de renunciar a los productos animales hasta la Pascua. El poeta André Breton, figura destacada del surrealismo, había designado a Miró como «el más surrealista de todos», y El carnaval de Arlequín es una prueba del talento del catalán. En este cuadro hay un diluvio de imaginación, de formas biomórficas irreconocibles, casi caricaturescas, salpicadas por todas partes, como si el artista hubiera conseguido abrir el grifo de su subconsciente.

Y sin embargo, a pesar de toda esta aleatoriedad y caos, hay cierto simbolismo en lo que estamos viendo. Empecemos por el propio Arlequín. Puede que no lo hayas visto al principio, porque no parece realmente el personaje.

Ahora, mira a la izquierda del centro del cuadro, donde ves la forma blanca alargada con una bola azul-roja como cabeza. El Arlequín, representado como una guitarra con un cuello muy largo, desvela su identidad con la presencia del dibujo a cuadros en su pecho. Sus ojos parecen muy tristes, y eso puede tener que ver con el agujero en su estómago.

Se sabe que, en aquella época, Miró era un artista en apuros en París, que apenas conseguía dinero para comer. Cuanto más se mira al Arlequín, más humano parece, con su largo bigote, su pipa de fumar, su cuello y su corbata, sus brazos y sus pies. En Carnaval del Arlequín 1924-1925 Figura, Miró adapta el tamaño y la forma de cada objeto y cada criatura mostrada a su propio propósito.

Las imágenes son infantiles y de tamaños, rasgos y colorido inusuales, produciendo una extravagancia que unifica rítmicamente las formas y el color. A pesar de la calidad infantil, hay una precisión y una calidad poética en esta obra. «El ovillo desenredado por los gatos disfrazados de arlequines humeantes que se retorcían dentro de mí y me apuñalaban las tripas durante el periodo de mi gran hambre que dio origen a las alucinaciones registradas en este cuadro.

…había sacado un clavo del paso de peatones y me lo había puesto en el ojo como un monóculo un caballero cuyos oídos ayunos se fascinan con la gracia de un vuelo de mariposas ojos musicales de arco iris cayendo como una lluvia de liras una escalera para escapar del asco de la vida… el drama repugnante de la realidad música de guitarra estrellas fugaces cruzando el espacio azul para clavarse en el cuerpo de mi niebla que da vueltas en un círculo luminoso. …

«2p164Joan Miró 1893-1983, español. Carnaval del Arlequín, 1924-1925. Óleo sobre lienzo, 93,3 × 119,38 × 8.