Evolucion de la economia espanola

Los cambios en la composición del PIB por tipo de gasto son reveladores de la transformación experimentada por la economía española en los dos últimos siglos. La proporción del consumo total, privado y público, se mantuvo estable en un nivel elevado hasta finales de la década de 1880, y sólo cayó por debajo del 85% del PIB a partir de 1953, lo que inició un descenso sostenido que alcanzó su punto más bajo a mediados de la década de 2000. Esta contracción de la proporción del consumo total oculta un intenso declive del consumo privado paralelo a un aumento sostenido del consumo gubernamental, resultado de la expansión del Estado del bienestar y de la transformación de un Estado altamente centralizado en un Estado federal de facto a partir de los años ochenta.

La inversión osciló en torno al 5% del PIB en la segunda mitad del siglo XIX, pero se duplicó durante el auge de la construcción de ferrocarriles a finales de la década de 1850 y principios de la de 1860. Desde la década de 1900, un aumento a largo plazo ha llevado el tamaño relativo de la inversión a más del 30% del PIB en 2006. Las fases de aceleración de la inversión están asociadas a las de mayor crecimiento de la actividad económica agregada.

La integración de España en los mercados internacionales también aumentó a lo largo del tiempo, pero el incremento no siguió una pauta constante y, a partir de ahí, pueden distinguirse tres fases principales: un aumento gradual de la apertura, es decir, de las exportaciones más las importaciones como porcentaje del PIB desde el siglo XIX, que se estabilizó a principios del siglo XX en una meseta elevada; a continuación se produjo un fuerte descenso desde principios de los años veinte hasta los cincuenta, alcanzando un punto mínimo durante los años cuarenta. A partir de los años 50 se produjo una cautelosa pero gradual exposición a la competencia internacional, facilitada por las reformas asociadas al Plan de Estabilización y Liberalización de 1959, y acelerada tras el final del régimen de Franco. Cabe destacar la correspondencia entre las tendencias de la inversión y las importaciones, lo que sugiere que el crecimiento económico fue estimulado por el comercio internacional.

España experimentó una dramática transformación económica en las décadas de 1960 y 1970. El corporativismo no había conseguido elevar el nivel de vida de los españoles, pero una ola de reformas de libre mercado permitió el rápido crecimiento de la economía española. Gran parte del crecimiento fue impulsado por el enorme aumento de la inversión extranjera en las industrias españolas, así como por el crecimiento del turismo.

Algunos historiadores consideran el resurgimiento económico de España como un «milagro». A finales de la década de 1950, la economía española sufría una crisis de inflación. Los préstamos estadounidenses entraron en la economía española de acuerdo con el Tratado de Madrid de 1953, sin embargo, no hubo un aumento posterior de la producción industrial y, por tanto, la inflación se disparó.

Como los precios subían más rápido que los salarios, el nivel de vida de la mayoría de los españoles disminuyó; por ejemplo, en 1957 la inflación se situó en torno al 30%, pero los salarios sólo aumentaron un 20%. El descenso de los salarios reales provocó disturbios industriales en algunas partes de España, que fueron reprimidos brutalmente por la policía española. Los malos resultados económicos hicieron que muchos españoles se sintieran cada vez más resentidos con el régimen de Franco.

Gran parte del debate sobre la economía española en las últimas décadas se ha centrado en problemas como el persistente desempleo. A partir de un nuevo libro, Oscar Calvo-González sostiene que dejar de lado estos fracasos y echar una nueva mirada a los éxitos económicos del país puede proporcionar algunas ideas sorprendentes. Dama de Baza Museo Arqueológico NacionalAdemás, la Península Ibérica constituyó la frontera occidental de un proceso de difusión cultural que se inició en la orilla oriental del Mediterráneo en torno al quinto milenio a.C. Conocido como la Revolución Neolítica, este proceso consistió en la transición de una economía recolectora a una economía productora basada en la agricultura y la ganadería.

Otro periodo de la historia de la península se inició hacia el 5000 o 4000 a.C. y se prolongó hasta el siglo XVI d.C., caracterizado por el papel dominante de la cuenca y las civilizaciones mediterráneas. Elaborado según las directrices del Fondo Monetario Internacional y la Organización Europea de Cooperación Económica, el Plan de Estabilización impulsó la economía y sentó las bases de un modelo de desarrollo autocrático. De acuerdo con estas directrices, en 1967 se devaluó la peseta española y en 1968 se puso en marcha el Segundo Plan de Desarrollo, de alcance similar al primero.

Para entonces, la población de España había alcanzado los 33 millones de habitantes, de los cuales 12 millones, el 38,3%, representaban la población activa, prácticamente distribuida en tres partes iguales: agricultura 28%, industria 38% y servicios 34%. Miles de personas emigraron de las empobrecidas zonas rurales a las ciudades industriales de Madrid, Bilbao, Barcelona, mientras que otros miles partieron hacia Europa en busca de mejores oportunidades. Los fondos que estos trabajadores enviaron a sus familias en España constituyeron una contribución crucial a la balanza de pagos del país.